¿Qué pasaría si el plástico no hubiera aparecido?

13 de Febrero de 2019

Solo 9% del material es reciclado en la actualidad.

Carolina González

No cabe duda de que el plástico, este material, que hoy nos resulta odioso por ser una amenaza que cobra la vida de miles de especies, ha hecho nuestra vida más fácil. Sin la revolución que trajo el plástico, nuestra sociedad hubiera quedado atascada en 1870 y mucho de lo que vemos hoy en nuestra vida diaria no sería una realidad; pero este material, del cual dependemos para llevar una cómoda vida moderna, tiene la particularidad de descomponerse fragmentándose en pedazos cada vez más pequeños, y en este proceso desprende agentes tóxicos contaminantes que afectan ecosistemas enteros y toda la cadena alimenticia que hace parte de ellos incluyendo la especie humana.

El plástico comenzó a verse como un problema en los años 90 cuando se advirtió por primera vez al público acerca de una gran isla de plástico flotando en el océano pacifico. Dos décadas después hasta nuestros días la acumulación de residuos que flota entre California y Hawaii tiene ya 1,6 millones de kilómetros cuadrados, pesa 80.000 toneladas métricas y sigue creciendo a una velocidad alarmante según los resultados que arrojó la investigación liderada por el grupo de científicos afiliados a  The Cleanup Foundation  en su más reciente publicación para el periódico  Scientific Report .

Desde 1950 se calcula que hemos producido cerca de 6,23 billones de toneladas de plástico, actualmente solo 9% es reciclado, otro 12% es incinerado, y el resto termina en rellenos sanitarios, ríos y océanos.

Si estas cifras resultan inquietantes vale la pena hacerse esta pregunta: ¿podemos vivir una vida 100% libre de plástico?

Al día de hoy resultaría todo un reto difícil de lograr, ya que este material está presente en casi todo: latas de refresco, vasos de cartón, envases, juguetes, bolsas de té, cepillos de dientes, ropa, aparatos electrónicos que solo pueden ser manufacturados y comercializados a bajo costo gracias al empleo de estos materiales provenientes de combustibles fósiles.

Puede que sea una utopía vivir una vida 100% libre de plástico por ahora, pero si podemos comenzar a reducir su uso de forma consciente y contundente. Piense por ejemplo ¿cuándo se justifica comprar agua en botella? Cuando el sistema de acueducto no garantiza la calidad y pureza de este recurso; pero en las ciudades de segundo y primer mundo, esto no es un problema ya que el agua tratada que sale del grifo es de gran calidad y apta para consumo, pero paradójicamente son estos ciudadanos quienes más compran agua en botella.

A raíz de la polución por plástico en 2010 la emprendedora norteamericana Sarah Kauss creó Swell, empresa dedicada a fabricar y comercializar botellas de aluminio que han sido pensadas para las personas que cuidan de su salud y que a la vez están comprometidas con el cuidado del medio ambiente. Con su utilización se evita la compra de bebidas embotelladas en plástico y se apoya el programa de donación anual que hace esta empresa a la Unicef, donde los recursos se invierten en programas de educación e infraestructura que garantice el acceso al agua potable a las poblaciones más vulnerables en condiciones de extrema pobreza.

Mientras un mundo con menos plástico se vuelve realidad, se hace imperativo aunar esfuerzos entre gobiernos, comunidades, empresas, corporaciones y medios de comunicación.

La educación es un semillero del cambio, por tanto, es primordial generar espacios para que la educación ambiental esté a la orden del día. Los ciudadanos tenemos el poder de exigir a los gobiernos y empresas privadas a adoptar métodos de producción y tecnologías limpias, para que el progreso no vaya en detrimento del patrimonio más valioso que tenemos como especie: el equilibrio de la naturaleza y su biodiversidad.

 

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