Amor, respeto, honestidad, congruencia y trabajo para nuestra Madre Tierra

21 de Enero de 2019

La Pachamama es una diosa venerada por los pueblos indígenas andinos. También se la conoce como la madre de la tierra/espacio. Madre Tierra.

Los Incas también reconocían a la Pachamama como la diosa de la fertilidad, quien presidía sobre las plantaciones y cosechas, constituía a las montañas y causaba los terremotos. Era una deidad omnipresente e independiente, con el poder autosuficiente y creativo de crear vida en la Tierra.

Es cierto: la Madre Tierra es mucho más que el suelo sobre el que caminamos. Es el viento, el fuego, el agua, el elemento que se respira y que sostiene la vida y permite su prosperidad. 

Desafortunadamente, no estamos haciendo mucho por protegerla. La Pachamama es la principal víctima de nuestra sociedad actual y sus efectos sobre el medio ambiente. El cambio climático, los eventos extremos relacionados al mismo, los residuos se acumulan. La contaminación en las ciudades, en nuestras fuentes de agua. La destrucción de los ecosistemas… Parece tan ilógico, tan irresponsable.

Resulta irónico pensar cuánto tiempo los humanos han vivido en armonía con la naturaleza. Las sociedades antiguas no causaban grandes impactos sobre el planeta, si bien no era por propia decisión. Sin embargo, durante los últimos siglos, la sobreexplotación y la contaminación han comenzado a afectar el medio ambiente negativamente. Quizás como consecuencia directa del dramático aumento en la cantidad de población, a partir de 1970 la demanda de recursos ambientales comenzó a exceder la capacidad de producción del planeta.

Ciertamente, la sociedad moderna es mucho más compleja en cuanto a sus interacciones con el medio ambiente. En contraste con aquellas antiguas, la sociedad moderna se caracteriza por la mecanización en gran escala, el uso masivo de tecnología y el dominio corporativo, así como por supuesto, transversalmente, la explotación de recursos naturales.

No quisiera escribir un blog post idealista. Pero sí quiero señalar que tal vez nos hayamos excedido. Que tal vez deberíamos reconocer que hemos fallado en cuanto a la explotación ambiental; que tal vez en la cultura occidental nos equivocamos al crear una sociedad basada en el consumo y el descarte; que tal vez hemos perdido de vista los beneficios de los bienes comunes frente al bienestar individual y privado; que tal vez no hemos visto cómo nuestra lucha por la libertad ha impactado a otra gente significativamente. Que tal vez hemos olvidado el significado de trabajar juntos por ideales colectivos compartidos.

Las cifras lo evidencian: unas 46.000 a 58.000 millas cuadradas (120.000 a 150.000 km2) de bosque se pierden cada año, lo que equivale a unos 48 campos de futbol americano por minuto. 1.400 millones de libras (635 millones de kg) de basura ingresan al océano anualmente. Las enfermedades transmitidas por el agua son una de las principales causas de muerte de niños menores a cinco años, matando a casi 1.000 infantes cada día. La cantidad de personas desplazadas está en su pico más elevado en la historia (más de 65 millones). Cada año, los usuarios de los países ricos desperdician una cantidad de comida (222 millones de toneladas) prácticamente equivalente a la producción alimentaria neta de África subsahariana (230 millones de toneladas).

Es hora de que trabajemos juntos.

El Día Mundial del Medio Ambiente, celebrado por primera vez en 1974, se ha convertido en una iniciativa emblemática para la generación de conciencia acerca de problemáticas ambientales emergentes, desde la contaminación marina y el calentamiento global, hasta el consumo sostenible y los delitos contra la fauna silvestre.

La propuesta de este año es “conectando a la gente con la naturaleza”. Es preciso que reconsideremos urgentemente nuestra necesidad individual de tenerlo todo. Debemos movilizarnos como activistas ambientales para promover y construir juntos un medio ambiente saludable y sostenible, abordar el cambio climático y proteger al planeta para las futuras generaciones.

Debemos comenzar a pensar como uno. Con la Naturaleza. Con la Pachamama.

 

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